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CRIS: Un sueño en pañales 

Cada vez que en un encuentro alguna de las nuevas incorporaciones pregunta cómo nació la idea de la Tribu, un sentimiento agridulce se apodera de mi. 

Dulce porque estos dos años de Tribu que llevamos juntas son sin duda una de las aventuras más bonitas, más fascinantes y que más me llenan de las muchas (o pocas según quien lo mire) aventuras y desventuras que llevo a mis casi 45 años, ¿sabéis que cumplo años el 8 de marzo? 

Agria porque para que la Tribu exista se me tuvo que “acabar el mundo”. Yolanda, una de mis mejores amigas de siempre me lo dijo una vez, y creo que estaba en lo cierto. 

Después de casi 10 años viviendo en Estados Unidos, se me tenía que acabar el mundo para volver a España, y la muerte de mi hermano favorito, hizo que el mundo tal y como lo conocía se tambaleara y se rompiera, y sin pensar, como una loca (literal y en medio del COVID) cogí los bártulos y me volví “a casa”. “Casa” que como yo misma ya nunca fue lo que había sido después de junio del 2020 que enterramos a Natxo. 

Entonces, soñé con una comunidad virtual en la que mujeres que pasaban mucho tiempo en casa tuvieran un lugar de encuentro, un lugar en el que compartir, aprender cosas juntas y ayudarse unas a otras. Y así, sin pensarlo mucho, con unos cuantos ahorros, y muchos errores, nació la Tribu. 

Yo sé, que mi hermano está no solo orgulloso, sinó contento, porque supe transformar una pérdida tan grande en una ganancia tan hermosa, y sé que va a perdurar e impactar la vida de muchas mujeres igual que impacta la mía propia. 

No voy a hacerme spoiler a mi misma y desvelarte aquí con qué tres palabras me defino, aunque sé que las que me conocéis podéis tener alguna sospecha de cuales pueden ser, pero hay una que no he usado y que sin duda me define también: 

AFORTUNADA 

Gracias a todas las mujeres que os habéis sumado a la Tribu. Gracias a las que os sumasteis y os fuisteis (que posiblemente no estaréis leyendo esto y os lo agradezco también), gracias a las pilares de esta comunidad, a las vanes, fátimas, olgas, sonias, anas, y almudenas… Porque sin vosotras la Tribu no existiría, y aunque sí es cierto que estaría más tranquila, también es verdad que sería más infeliz.